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lunes, 10 de noviembre de 2014

Sociología 4to. año -Documental sobre Gaza: Consignas

A partir del documental de Jon Sistiaga sobre el conflicto en Gaza, se pide que establezca una relación entre el texto de "Facundo" y el relato que ofrece la filmación sobre el conflicto. Se deberá tener en cuenta los siguentes factores:


  1. La relación entre los dos grupos en disputa: ¿A quiénes se establece como "los bárbaros" y quiénes son los "civilizados"? ¿Por qué?
  2. Relacionado con el artículo de Felipe Pigna, ¿Según el documental, se invierte la situación sobre quién representa "el peligro" para la convivencia armoniosa? ¿Cuáles son los argumentos que establece cada grupo?
  3. ¿Cuáles son las  visiones que pueden verse desde ambas partes con respecto a sus enemigos? ¿Son representados por prejuicios, o son expresiones que se relacionan con lo que uds pueden visualizar en el documental?

domingo, 28 de octubre de 2012

¿Sarmiento veía un "barrabrava" en Facundo Quiroga?

Quizás este documental del español Jon Sistiaga pueda hacernos pensar qué vínculos pueden establecerse entre la visión sarmientina de Facundo Quiroga, y "nuestros" actuales barrabravas




domingo, 18 de marzo de 2012

Sociología Argentina I - Tarea 20 de marzo 2012


Trabajo Práctico


Lee atentamente el fragmento de Hobbes:

Thomas Hobbes: el hombre no es un animal político por naturaleza

"La mayor parte de los
que han escrito sobre las repúblicas suponen que el hombre es un animal
político, nacido con una cierta disposición natural a la sociedad. Pero si
consideramos más de cerca las causas por las cuales los hombres se reúnen en
sociedad, pronto aparecerá que esto no sucede sino accidentalmente y no por una
disposición especial de la naturaleza.
Hallamos en la
naturaleza del hombre tres causas principales de discordia: primera, la
competencia; segunda, la desconfianza; tercera, la gloria. La primera causa
impulsa a los hombres a atacarse para lograr un beneficio; la segunda para
lograr seguridad; la tercera para ganar reputación. [...] Con todo ello es
manifiesto que durante el tiempo en que los hombres viven sin un poder común
que los atemorice a todos, se hallan en la condición o estado que se denomina
guerra; una guerra tal que es la de todos contra todos."
__________________________________________________
Antología: Del ciudadano. Leviatán, Tecnos, Madrid 1965, p. 136-9.

Responder a las siguientes consignas:

1. ¿Te parece que, naturalmente, los hombres se reúnen en sociedad, o “firman” un pacto para
convivir armónicamente? Justuificá tu respuesta

2. ¿Te parece que la sociedad es sólo un conjunto de individuos, que la sociedad puede entenderse viendo a sus individuos aislados? ¿O crees que cada individuo cumple una función
determinada dentro del grupo que conforma la sociedad? Justificalo y explicarlo
mediante un ejemplo.

3. Hobbes señala 3 causas de discordia entre los hombres. ¿Estás de acuerdo con ellas? Justifica
tu respuesta, y ejemplificá cada una de esas causas que menciona.

lunes, 12 de marzo de 2012

Las relaciones argentino - británicas

Dos fragmentos para pensar la historia e interpretar la realidad. Y una pregunta : ¿Nos entendemos a nosotros mismos?


  • Julio A. Roca (h), Vicepresidente de la República Argentina (1933)

    "Hasta los tiempos de gestarse nuestra independencia remontase la ejecutoría de los
    vínculos de mutuo aprecio y común interés que se han ido forjando entre
    británicos y argentinos. A pesar de las barreras coloniales opuestas al libre
    tráfico, los veleros británicos transportaron los productos primarios de
    nuestra ganadería hasta los puertos de Europa, surgiendo por su esfuerzo el
    comercio británico llamado a tan grande y fecundo desenvolvimiento. La geografía política no siempre logra en nuestros tiempos imponer sus límites
    territoriales a la actividad de la economía de las naciones. Así, ha podido
    decir un publicista de celosa personalidad que la Argentina, por su
    interdependencia recíproca, es desde el punto de vista económico una parte
    integrante del Imperio Británico.
    Inglaterra, como la llamamos familiarmente, ha sido nuestra primera
    amiga, que nos tendió la mano hasta asegurar nuestra independencia, cuando todo
    se conjuraba en nuestra contra, y que nos prestó la ayuda de sus capitales
    cuando en los pasos iniciales de nuestra adolescencia apenas éramos dignos de
    confianza."
(Discurso pronunciado ante la Corte Inglesa, en visita diplomática en Londres)

  • Diario “El País” Martes 28.02.2012 / Montevideo, Uruguay
El gobierno de Cristina Fernández le solicitó a 20 compañías de capital argentino
y extranjero que dejen de importar productos de Gran Bretaña, en otra medida
que tiende a profundizar la presión sobre ese país para que negocie la soberanía
de las Islas Malvinas. La ministra de Industria, Débora Giorgi, trasladó ese
pedido a los empresarios con el objetivo de privilegiar las relaciones
comerciales con las naciones que respetan la integridad territorial, sus
reclamos soberanos y los recursos que pertenecen a la Argentina, informó a la
AP una fuente de esa dependencia bajo condición de anonimato por política
gubernamental.

Consigna:

Redactar un texto comparando y explicando las diferencias entre ambos fragmentos. Tener en cuenta las motivaciones  político-económico-sociales, y las consecuencias que llevan esas palabras. Reflexione sobre el resultado de pronunciar esos discursos en cada época.  Deberá tener una extensión de 30 líneas aproximadamente.

viernes, 28 de octubre de 2011

jueves, 4 de noviembre de 2010

Argentina a fines del siglo XIX. De la teoría a la realidad

LOS NUEVOS POBLADORES

El sueño de los padres

Con el correr del siglo XIX y el establecimiento de un cierto orden político que hacía prever la formación de una nación con bases bien sólidas, la política inmigratoria hizo de alguna manera de palanca para llevar este proyecto hacia una realización efectiva. Las bases que los líderes políticos imaginaron para los fines eran, como la gran mayoría de ellos postulaba, la concurrencia de aquellos “gajos de civilización” que por supuesto tenían el prestigioso origen europeo. Frente al desquicio y la desorganización que había imperado desde la revolución de 1810 hasta el epílogo del régimen rosista, el inmigrante europeo presentábase como la salvación al camino emprendido sin rumbo, algo así como la encarnación de la ley y el orden, contrapuesto a la naturaleza salvaje de los nativos.
Luego del triunfo de Urquiza sobre Rosas en Caseros, y la posterior sanción de la Constitución nacional de 1853, la Argentina comienza lentamente a salir de aquel período oscuro que había sumergido a los habitantes de estas tierras primero en un estado de anarquía, para luego pasar al control de la población bajo el despotismo y el terror. Con el correr de los años, y avanzando hacia la segunda mitad del siglo XIX, la política inmigratoria del estado comienza a incorporar a los nuevos pobladores, bien distintos de aquellos que Alberdi y Sarmiento imaginaban y describían en sus programas. El camino hacia la República real trazado por ambos difería no en los objetivos, pero sí fundamentalmente en los medios empleados para llevar a cabo la gran tarea. El inmigrante modelo que ambos fantaseaban se mostraba demasiado perfecto y angelical, sólo un sueño de aquellos intelectuales que proyectaban un país demasiado fabuloso en cada una de sus mentes. Para las nuevas construcciones era necesario proceder cambiando desde la raíz, algo así como renovar el espíritu: cambiar la herencia, lo que propone Alberdi en el Fragmento preliminar al estudio del derecho (1837):

Gobernemos, pensemos, escribamos, y procedamos en todo, no a imitación de pueblo ninguno de la tierra, sea cual fuere su rango, sino exclusivamente como lo exige la combinación de las leyes generales del espíritu humano, con las individuales de nuestra condición nacional.[1]

A fuerza de costumbres entonces Alberdi cree que las naciones se encaminan en un rumbo seguro, siendo éstas más poderosas y tanto más difícil de derribar que cualquier poderoso gobernante que pueda encontrarse. La costumbre es entonces el instrumento fundamental para el conocimiento político, y en consecuencia, para el buen desenvolvimiento en dicho campo. Dicho en otras palabras, en la medida en que la nación tenga la voluntad de construir los cimientos de una poderosa estructura, debemos entonces retomar el camino y corregir la dirección que por décadas se viene llevando: si se desea salir del despotismo y la anarquía como costumbre, es preciso crear y construir nuevos hábitos, para cambiar de raíz la vida de aquel estado incipiente.

(...) Así el verdadero modo de cambiar la constitución de un pueblo, es cambiar sus costumbres: el modo de cambiarlo es darle costumbres /... / El primer paso pues a la organización de un orden constitucional cualquiera es, la armonía, la uniformidad, la comunidad de costumbres(...)[2]

Entonces, era necesario el trasplante vital de europeos en América para llevar a cabo el desarrollo que tanto se pretendía. Ubicar aquellos ciudadanos ya realizados en estas tierras vírgenes de organización sería lo más conveniente para dar un vuelco en la historia de esta sociedad sin rumbo. Las costumbres venidas de afuera serían, en consecuencia, las que mejor podrán modelar nuestro futuro de nación independiente. La palanca puesta en el mercado, importando trabajadores manuales fundamentalmente, es la que va a ir generando a partir de los hombres económicos nuevos individuos, los hombres políticos. El tutelaje de la masa de inmigrantes recién llegados, para que solo participen en la vida económica, es el punto de partida para constituir nuevos y buenos ciudadanos. El mercado produce ciudadanos, según Alberdi, algo que desmiente de manera categórica Sarmiento.
El autor de Facundo, por su parte, pone acento fundamentalmente en el desarrollo y la difusión de la educación pública para fundar una verdadera república de ciudadanos. El sanjuanino incitaba a reunirse en el ámbito donde se desarrolla el proceso educativo, para que los niños compartan desde pequeños los hábitos que, junto con los conocimientos adquiridos, conformaban el suelo firme en el cual la nueva república se levantaría. El gobierno que educa podrá, según Sarmiento, modelar el porvenir de la nación, fomentando la igualdad entre ricos, pobres, criollos y extranjeros. Su apuesta a la educación pública es bien evidente:

Un padre pobre no puede ser responsable de la educación de sus hijos; pero la sociedad en masa tiene interés vital en asegurarse que todos los individuos que han de venir con el tiempo a formar la nación, hayan por la educación recibida en su infancia, preparándose suficientemente para desempeñar las funciones sociales a que serán llamados. [3]


Sarmiento parece estar un tanto más relacionado con la idea de un republicanismo en el sentido clásico. La república clásica romana, con la virtud como principio fundamental, es el que va a adoptar para promover en la clase dirigente determinados sujetos que, cumpliendo con aquellos postulados, deleguen sus potencias privadas en función del bien público. El Estado a formarse, entonces, debe quedar bajo la guarda de aquellos individuos que se muestren virtuosos, y por lo tanto aptos para llevar a buen término los destinos de la nación que comienza a despertar. Obviamente dentro de las acciones que conciernen al estado figura la de establecer la educación pública para inculcar el sentimiento republicano, destinado tanto a los nativos argentinos como para aquellos que llegan desde la otra orilla del Atlántico. El Estado y el factor decisivo de la educación son el punto de partida de Sarmiento para llegar a la república soñada, la misma que también soñó Alberdi.
[1] Del Fragmento preliminar al estudio del derecho (1837), en Botana, Natalio, La tradición republicana. Alberdi, Sarmiento y las ideas políticas de su tiempo, Buenos Aires, Sudamericana, segunda edición revisada y actualizada, 1997. -

[2] Cf. Botana, Natalio, op.cit, pág. 299. -
[3] Cf. Botana, Natalio, op.cit, pág. 322. -

domingo, 6 de junio de 2010

Doscientos 25 de mayo: algo no ha cambiado demasiado

DOSCIENTOS 25 DE MAYO

Cuando pienso estas palabras que estoy leyendo, me pregunto cuánto ha cambiado todo esto desde el 25 de mayo de 2009. Casi nada. Quizás el acontecimiento del bicentenario hace que podamos incluir un mensaje por demás optimista, solo por el acontecimiento mismo.
Repasemos qué pasaba hace exactamente 100 años, con palabras de Leopoldo Lugones:
En momentos del centenario se propone la construcción de un monumento que nos represente y que simbolice el alma nacional. Leopoldo Lugones propone inspirarse en el arte gótico, y argumenta:

“El artista gótico no callaba su nombre por humildad o por penitencia. Lo hacía naturalmente, al ser parte de un mero detalle en la obra común […] Tal desinterés solidario, era lo que espiritualizaba, diremos así, el conjunto. Y por lo mismo su falta, es lo que impide ahora el desarrollo de un arte social.”[1]

En palabras de Lugones, estábamos buscando una obra que nos represente, que no destaque a su autor por encima de los demás porque debía representarnos a todos… pero no fue posible. Ante la imposibilidad de terminar esa obra a tiempo, dice Lugones:

“Este gobierno de la imbecilidad y de la traición, no merecía, en efecto, inaugurar el monumento del centenario. Y es su propia ineptitud lo que viene a impedirlo en una forma ya irrevocable.”[2]

Parecen palabras de hace 2 días, pero ya pasaron 100 años. Y en ese momento, habían pasado 100 años de la Revolución de mayo: una revolución a la francesa, pero sin pueblo… Si el pueblo “quiere saber de qué se trata”, eso nos está diciendo que el pueblo no participa, se entera después de lo que se ha resuelto. Así ocurrió con el reducido grupo ilustrado de Buenos Aires y el resto de lo que hoy es nuestra Nación: falta de comunicación, malos entendidos, intereses diversos, cuestiones personales superpuestas con las cuestiones que nos deben ocupar, como procurar el bien común para todos.

Joaquín V. Gonzáles en “El juicio del siglo”[3], otra obra del centenario, nos comenta que todas las soluciones en la primera mitad del siglo XIX arribaron por medio de una acción de guerra: anarquía, despotismo, dictadura, miseria, aislamiento e ignorancia. Y nos dice:

“falta realidad democrática en el alma popular, se debe dar mayor participación a los elementos populares.”

Faltaba eso en aquel momento, y parece que todavía nos falta. Falta involucrarse con las cosas de todos, el Estado sigue estando identificado equívocamente con el gobierno de turno, cuando sabemos que somos nosotros mismos, y que cuidar el bien común es, en el mismo acto, salvaguardar nuestros intereses individuales.

¿Cuanto cambió de nuestros primeros desencuentros desde la Revolución a Mayo de 1910?
Poco.
¿Cuánto ha cambiado desde aquel centenario hasta hoy, Mayo de 2010?
Poco.
Por lo visto, a todos nos cuesta hacernos cargo de que formamos parte de una comunidad, y que eso implica dirimir nuestras diferencias en el ámbito en el que vivimos, para acercarnos a lo que tendría que beneficiarnos a todos. Creo que seguimos buscando la forma de llegar al bien común, difícil tarea comenzada hace nada más que 200 años.
[1] Leopoldo Lugones, Las limaduras de Hefestos I. Piedras Liminares, A. Moen y Hnos, pág. 155.-
[2] Leopoldo Lugones, Op. Cit, pág. 233.-
[3] González, Joaquín V., El juicio del siglo o cien años de Historia Argentina, Librería “La Facultad”, Buenos Aires, 1913, pág. 201.-